
Ciudad de México, 21 de feb (SinEmbargo).- Desnudos, drogados, presumiendo armas y municiones y una serie más de exhibicionismo innecesario (si es que alguna vez el exhibicionismo es necesario), es la imagen con la que los ojos del mundo ven a los soldados del ejército israelí (IDF por sus siglas en inglés). No fue necesario un reportaje o una profunda investigación, mucho menos de una labor intrincada de espionaje; sólo bastó una aplicación para dispositivos móviles.
Sin embargo, no hay que culpar a Instagram —el gran escenario en donde el "ventaneo" de las fuerzas castrenses de Israel tiene lugar—, sino a los mismos soldados que, en un arranque de "novedad", soberbia, nihilismo o, quizás, todas las anteriores, decidieron jugar a algo que (en teoría) no tenía por qué convertirse en motivo de entretenimiento: el frente de batalla.
El escándalo desatado por el soldado Mor Ostrovski, quien publicó en Instagram una imagen en la que aparece la mira de un fusil de francotirador sobre un niño palestino, dio paso a que se conocieran una serie de imágenes que fueron consideradas menos perturbadoras por la opinión publica, pero no por ello quedaron exentas de polémica.

El militar identificado como Osher Maman y perteneciente a la Brigada Golani fortaleció el escándalo, En las imágenes que se difundieron de él en la red se observa al militar y sus compañeros desnudos, junto a sus armas, en poses desafiantes; de igual manera, en otras fotografías aparece fumando marihuana en uniforme y exhibiendo las diversas armas que el IDF maneja.
Sin embargo, no sólo Instagram fue desmenuzado; en las cuentas de Twitter y Facebok del soldado nacido en Naples, Florid, aparecen comentarios despectivos sobre los árabes, mientras que el sitio Electronic Intifada (que dio a conocer las imágenes) hace un perfil de Maman y pone al descubierto otros detalles sobre su vida personal, haciendo énfasis en sus antecedentes penales en EU.
- Foto: Electronic Intifada
- Foto: Electronic Intifada
- Foto: Electronic Intifada
Por su parte, las fuerzas armadas de Israel señalaron que han reprendido al militar responsable, y además describieron el incidente como "severo", agregando que la conducta del soldado todavía está siendo investigada.
A muchos, no sólo a estos soldados israelíes, se les olvida que las redes sociales, inclusive aquellas que —como Instagram— son exclusivas de ciertos aparatos, no pueden ser controladas o servir a intereses particulares. Por muy tontos que sean los tópicos que en ellas circulan (como lo ejemplifican a la perfección Facebook y Twitter) o por underground que parezcan (como Tumblr y la mayoría de los sitios de image sharing) las redes a las que nos suscribimos a diario no pueden ser menospreciadas al momento en que algo se comparte en ellas. No se puede pretender la impunidad o, dicho en otras palabras, no se puede ser tan tonto como para creer que al meterse al slam no se van a recibir golpes.
Historias de abuso, basadas en exhibiciones de poder, han existido en básicamente todo conflicto armado, la diferencia es que en el pasado no existían las redes sociales y, hace 10 años, cuando apenas aparecieron eran apenas una versión primitiva de lo que son ahora o pueden llegar a ser.
En internet, como en todo foro, hay áreas más sensibles que otras y hay ideas que se exponen y difunden más rápido; para bien o para mal. Sin embargo, cuando lo que se sube, se postea, se tuitea, etcétera, representa una burla u ofensa para alguien que tiene una desventaja respecto a su atacante o representa una afrenta moral para algún sector, no puede esperarse otra cosa que un linchamiento virtual.

Puede ser Osher Maman, puede llamarse Mor Ostrovski, puede incluso tratarse del mismo Elvis y aún así la opinión pública lo condenaría. Independientemente de los intereses, hay un criterio más universal e imparcial que el que conforman los distintos bandos en un conflicto armado y éste es el mal gusto en el que se engloban los llamados "pecados de guerra". Curiosamente, las cosas agradables varían mucho dependiendo de cada persona, pero aquellas que causan disgusto no. Al menos en algo la humanidad actual aún tiene un sentido de unidad.
- Foto: Electronic Intifada




















