Investigadores alertan que el humo de los incendios forestales representa una amenaza creciente para la salud pública.
MADRID, 27 Ene. (EUROPA PRESS).- Las personas expuestas al humo de los incendios forestales tienen un mayor riesgo de sufrir un derrame cerebral, según una investigación de la Universidad Emory, en Estados Unidos (EU) publicada en el European Heart Journal. Los investigadores estiman que sólo en EU el humo de los incendios forestales puede ser responsable de alrededor de 17 mil accidentes cerebrovasculares cada año.
La investigación fue dirigida por el profesor Yang Liu, de la Escuela de Salud Pública Rollins de la Universidad Emory, quien informa: “Los incendios forestales se están convirtiendo en un importante contribuyente a la contaminación atmosférica. Por ejemplo, en el oeste de EU, el humo de los incendios forestales está revirtiendo décadas de mejora en la calidad del aire”.
El accidente cerebrovascular es una de las principales causas de discapacidad y muerte en todo el mundo, y es cada vez más común. Factores de riesgo tradicionales, como la hipertensión y la diabetes, no explican completamente esta tendencia. Nos interesa comprender cómo la exposición prolongada al humo de los incendios forestales afecta el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular.
El estudio incluyó a alrededor de 25 millones de personas mayores de 65 años, residentes en EU y cubiertas por el programa federal de seguro médico Medicare. Alrededor de 2.9 millones de ellas sufrieron un ictus entre 2007 y 2018.
Los investigadores utilizaron inteligencia artificial (IA) para estimar la exposición de cada persona al humo de incendios forestales mediante una medida llamada PM2.5 (la concentración de partículas finas con un diámetro de 2.5 micrómetros o menos). También analizaron la exposición a otros contaminantes del aire y consideraron factores de riesgo conocidos de ictus, como el tabaquismo y el nivel socioeconómico. Esto permitió al equipo comparar los niveles de exposición a largo plazo de las personas al humo de incendios forestales con el riesgo de ictus.
Descubrieron que, por cada aumento de un microgramo por metro cúbico (1 g/m³) en la concentración promedio de humo de incendios forestales, el riesgo de accidente cerebrovascular aumentaba un 1.3 por ciento. El mismo aumento de PM2.5 proveniente de otras fuentes, como el tráfico y las centrales eléctricas, se relacionó con un aumento del 0.7 por ciento en el riesgo de accidente cerebrovascular.
El profesor Liu cuenta: “Esto sugiere que el humo de los incendios forestales podría ser incluso más dañino para el cerebro y los vasos sanguíneos que la contaminación de otras fuentes. Considerando a Estados Unidos en su conjunto, nuestros resultados sugieren que la exposición al humo de los incendios forestales podría ser responsable de alrededor de 17 mil accidentes cerebrovasculares al año en este grupo de edad”.
Dado que la mayoría de los incendios se originan en zonas remotas, la población rural y suburbana suele estar expuesta a un mayor nivel de humo. Esto difiere bastante de otras fuentes de emisión, como el tráfico, que afectan principalmente a la población urbana.
Este estudio no explica por qué respirar humo de incendios forestales podría estar relacionado con un accidente cerebrovascular, pero existen varias posibilidades. Por ejemplo, este tipo de humo contiene compuestos que pueden desencadenar inflamación y estrés oxidativo en el cuerpo. Estos procesos dañan los vasos sanguíneos y promueven la formación de coágulos sanguíneos, factores que contribuyen al accidente cerebrovascular. Las personas que viven cerca de incendios forestales pueden experimentar el estrés de tener que evacuar su hogar, lo que también puede interrumpir su atención médica habitual.
Para las personas que viven en zonas propensas a incendios, es importante comprender que el humo de los incendios forestales no sólo representa un riesgo respiratorio inmediato, sino que también puede aumentar el riesgo de accidente cerebrovascular a largo plazo.
Las medidas preventivas, como activar la filtración de aire en interiores y limitar el esfuerzo al aire libre en días de mucho humo, no sólo se centran en la comodidad, sino que también pueden ayudar a prevenir un accidente cerebrovascular.
Estos resultados también sugieren que no existe un umbral de seguridad aparente para la exposición al humo. Esto significa que incluso el humo recurrente moderado podría ser importante, no sólo los eventos extremos. Las políticas que previenen o gestionan incendios; mejoran los refugios comunitarios con aire limpio; y garantizan el acceso a atención médica y medicamentos durante y después de los eventos de humo podrían reducir la incidencia de accidentes cerebrovasculares en una población que envejece.




