Donald Trump consumó la intervención de Estados Unidos en Venezuela apoyado en acusaciones falsas heredadas de Bush, Obama y Biden, sin declarar la guerra ni informar al Congreso estadounidense.
Ciudad de México, 10 de enero (SinEmbargo).- En Irak no había armas de destrucción masiva y en Venezuela no hay un “Cártel de los Soles”. La fórmula ha sido la misma y, pese a ello, parece que sigue funcionando en diversas campañas intervencionistas de Estados Unidos en todo el mundo.
El ataque contra la nación sudamericana y el secuestro del Presidente Nicolás Maduro el pasado 3 de enero se construyó desde 25 años mediante mentiras y verdades manipuladas. Los presidentes George W. Bush, Barack Obama, Joe Biden comenzaron lo que en 2026 Donald Trump consumó.
Lo hicieron armando una historia de narcotráfico, terrorismo y dictadura, porque la propaganda estadounidense y cierta cobertura informativa han ido juntas para asestar golpes de Estado y golpes “blandos” en América Latina, por ejemplo.
“Son 130 años de intervención”, reconoció el lunes pasado Chas Freeman, ex subsecretario de Defensa para Asuntos de Seguridad Internacional y diplomático estadounidense. En una entrevista con el académico Pascal Lottaz para su canal Neutrality Studies, Freeman hizo un breve recuento de tan sólo algunas de las intervenciones en la región. Mencionó a Hawai, México, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Panamá, Haití, República Dominicana.
Ninguno de los ataques contra esos países resolvió problema alguno, aceptó, por el contrario. Y agregó: “además de todo lo demás, tenemos una relación impía con varios elementos de la derecha, especialmente en Centroamérica”.
En el caso venezolano, el gobierno estadounidense y varios medios de comunicacón han ido dejando un rastro en la fabricación de falsedades. La más reciente es el inexistente Cártel de los Soles, pero comienza antes. Quizá con George W. Bush.
Adiós a la DEA
En 2002, durante el golpe de Estado que derrocó momentáneamente al entonces presidente Hugo Chávez, el general Lucas Rincón aseguró que al mandatario se le había solicitado la renuncia y que éste la había aceptado. La versión era falsa. Chávez había sido detenido y sacado de Caracas. Sin embargo, varios medios reprodujeron esa mentira.
El 18 de abril, cuando un periodista le preguntó a George W. Bush en la Casa su postura sobre el golpe de Estado, su respuesta fue que Chávez debía “abrazar la democracia”.
En 2005, el gobierno de Bush declaró formalmente que Venezuela había incumplido sus obligaciones internacionales en materia de lucha contra el narcotráfico. Pese a ello, anunció que mantendría su financiamiento de programas estadounidenses que apoyaban a la democrácia venezolanas y al sistema de partidos políticos en ese país.
Estados Unidos no ofreció evidencia del supuesto incumplimiento. Lo que sí sucedió ese año es que Hugo Chávez expulsó de Venezuela a la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), al acusarla de “apoyar al narcotráfico” en Venezuela y espiar al gobierno.

Armas mediáticas para la oposición
Barack Obama, el Premio Nobel de la Paz, también contribuyó a la historia contra Venezuela. En 2015, ya en el Gobierno de Nicolás Maduro, emitió una Orden Ejecutiva con la cual declaró “una emergencia nacional ante la amenaza inusual y extraordinaria que la situación en Venezuela” supuestamente representaba “para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”.
Con ello, bloqueó bienes en Estados Unidos a siete funcionarios y funcionarias de Venezuela y prohibió a la población estadounidense hacer negocios con ellas. Estas medidas fueron abriendo la puerta a un bloqueo financiero progresivo que afectó importaciones, acceso a créditos y funcionamiento estatal.
Las acusaciones de Estados Unidos, plasmadas en este tipo de documentos, sobre supuesta persecución a opositores políticos, restricciones a la libertad de prensa, uso de la violencia y corrupción en Venezuela, fueron reproducidas y utilizadas por la derecha latinoamericana.
Biden se quedó corto
Al llegar a la Presidencia, Joe Biden continuó con la labor de sus antecesores, aunque no fue suficiente para los conservadores. Pese a que en 2019 el gobierno de Biden le dio su reconocimiento a Juan Guaidó como nuevo Presidente interino de Venezuela, el Partido Republicano quería más.
En agosto de 2024, el Senador ultraconservador Jim Risch acusó a la administración Biden-Harris de haber desaprovechado la ventaja política que dejó “la estrategia de presión máxima y multilateral” de Donald Trump contra el gobierno de Nicolás Maduro.
Incluso dentro de Estados Unidos, el discurso sobre Venezuela ha estado marcado por exageraciones y manipulaciones, pues Jim Risch responsabilizó a Joe Biden de no derrocar a Nicolás Maduro. Dijo que con ello permitió que “actores malignos como China, Rusia e Irán sigan interviniendo en nuestro hemisferio, poniendo en riesgo la vida de estadounidenses”.

Trump, el mayor mentiroso
El mismo sábado 3 de enero, tras el operativo militar en Caracas, que dejó cerca de 80 personas asesinadas, el Departamento de Justicia estadounidense publicó una nueva acusación formal contra Nicolás Maduro en la que ya no lo señala de ser el líder de ese grupo; al que además ya lo nombra como “un sistema de clientelismo” y no como un cartel.
En julio de 2025, el Departamento del Tesoro calificó oficialmente al Cártel de los Soles como una entidad terrorista global. Pero en marzo 2020, en la primera administración de Trump, el Departamento de Estado acusó al presidente Nicolás Maduro de narcoterrorismo, narcotráfico y lavado de dinero y ofreció una recompensa de 15 millones de dólares por información que condujera a su detención.
El relato efectista, agresivo y alarmista parece que continuará. El pasado martes, en una conferencia de legisladores republicanos, sin aportar pruebas como es su costumbre, Trump dijo que Nicolás Maduro “es un tipo violento, y ha matado a millones de personas. Ha torturado. Tienen una cámara de tortura en medio de Caracas que están cerrando”.
La Constitución de Estados Unidos otorga al Congreso el derecho de declarar la guerra. Una resolución de 1973 obliga al Presidente a informar al Congreso en un plazo de 48 horas tras la entrada de las fuerzas armadas estadounidenses en hostilidades.
Trump no ha solicitado al Congreso la aprobación de guerra. En junio de 2025, informó a los republicanos, pero no a los demócratas, sobre el próximo ataque contra Irán. En el caso de la operación en Venezuela, nadie fue notificado. Pero eso, en una maniobra estratégica, el mandatario ha señalado a medios de comunicación que su país no está en guerra contra Venezuela.
Según el Instituto Poynter, Trump atacó al menos 32 embarcaciones, asesinando a unas 115 personas en la mar Caribe y el océano Pacífico Oriental. Sin nunca aportar pruebas, Trump aseguró siemmpre que esas lanchas transportaban drogas con destino a Estados Unidos.
También sostuvo que cada embarcación causaría la muerte de 25 mil personas. No obstante, como lo verificó el Instituto Poynter, de mayo de 2024 a abril de 2025 fallecieron 73 mil personas por sobredosis de drogas en Estados Unidos. “Eso significa que las drogas en 32 barcos habrían sido responsables de 800 mil muertes, casi 11 veces el número de muertes por sobredosis en Estados Unidos en un año”.

Una historia de intervenciones
Chas Freeman, embajador de Estados Unidos en Arabia Saudita durante la Guerra del Golfo, se quedó muy corto en su lista de intervenciones y en el tiempo que llevan haciéndolo. Un recuento del Foro de Política Global (GPF, por sus siglas en inglés) inicia el conteo en 1798, no en 1895, como Freeman, cuando militares estadounidenses invadieron Francia.
La primera vez que invadió a lo que ahora es México fue en 1806. Luego violó la soberanía mexicana en 1836, 1842, 1846, 1859, 1876, 1913 y, finalmente, en 1914. El conteo incluye a al menos 30 países en los cinco continentes. En lo que respecta a nuestra región ha intervenido en Cuba, Puerto Rico, Colombia, Panamá, Nicaragua, Honduras, República Dominicana, Guatemala y Haití.
“Estas intervenciones no resolvieron ningún problema. No crearon democracias, ni sociedades mejores, ni sociedades más prósperas”, le dijo Chas Freeman al académico Pascal Lottaz.
Sin embargo, para lograrlas han torcido la ley y la verdad, reconoce. “La administración de Trump ideó una forma maravillosa” de hacerlo: “si invades un país y la gente allí tiene ametralladoras y te dispara, están violando la ley porque te están atacando. ¿Lo ves?”.
En 2001, George W. Bush, hizo algo parecido. “En Afganistán suspendimos los convenios de Ginebra e inventamos una nueva categoría llamada ‘combatiente enemigo’ que no requería los derechos de los prisioneros de guerra otorgados por el Convenio de Ginebra. Así que la Cruz Roja no tuvo acceso a las personas en Guantánamo ni en la base aérea de Bagram, en Afganistán. Y así sucesivamente”.
Según Chas Freeman, Estados Unidos ha estado sumergido en “una progresión constante en la suspensión del respeto por el Estado de derecho, los tratados internacionales, las convenciones, la carta de la ONU”. Pero todo esto, dice, “ha sido encabezado por Israel, que ha violado todos los aspectos del derecho internacional con total impunidad, porque mi gobierno, mi país, lo ha protegido y le ha proporcionado esa impunidad”.



